
River no jugó bien durante la mayor parte del partido, y terminó pidiendo la hora contra los jujeños. Pero gracias a la experiencia del Muñeco y la frescura de Mauro Díaz, entre otros, se quedó con los tres puntos y apaciguó un poco las aguas en Núñez.
Se esperaba que arranque la tarde-noche con un clima espeso, producto de la eliminación en primera ronda de la Copa Libertadores ante Nacional, el jueves, y así fue; pero de todas formas, se notó claramente que entre los hinchas triunfó la postura de apoyar pese al duro momento, en vez de solamente reprochar (más allá de que en la platea San Martín se repartieron carteles que pedían que las elecciones se adelanten, para no desperdiciar otro semestre). De hecho, no hubo una silbatina generalizada al comienzo, solo en algunos casos puntuales, como Ahumada y Rosales (¿por qué lo pone Pipo?). “Pongan más huevo, pongan más corazón que esto es River” fue el hit que se escuchó varias veces seguidas mientras los jugadores entraban a la cancha.
Durante el primer tiempo, River buscó varias veces el arco de Pezzutti, pero no lo consiguió ni con los arranques de Falcao ni las buenas jugadas de Mauro Díaz, que aportó verticalidad y buen juego. Y si bien estuvo más cerca de abrir el marcador, pasó algunos sofocones en algunos contraataques. Y al no conseguir marcar, pese al aliento insistente de la tribuna, la primera mitad se fue diluyendo en un 0 a 0 mediocre. Ni bien pitó Brazenas el final de la primera parte, ahí si se hicieron escuchar los silbidos generales. Y también se escucharon dos pedidos: un “Muñeeeecoo, muñeeeecoo”, que fue correspondido, y uno con dejo a protesta: “Orteeeega, Orteeeeeega”…
Arrancó el segundo tiempo con un cambio: salió Nico Domingo, e ingresó Diego Barrado. River siguió teniendo un par de intentos pobres, y la gente empezó a desesperarse un poco, a angustiarse aún más, a sufrir los fantasmas. Pero a los 12 minutos entró el Muñeco Gallardo, y tardó dos minutos más en ponerle una asistencia brillante a Falcao para que el colombiano ponga el 1 a 0 que daba paz. Diez minutos después, le saltó la térmica al arquero de Gimnasia, Gastón Pezzuti, que agredió a un alcanzapelotas y se fue estúpidamente expulsado. River comenzaba a respirar, pero no podía relajarse demasiado, por la historia reciente. A los 36 minutos, entró el Ogro Fabbiani, a pisar un poco la pelota e intentar algún contragolpe. Sobre el final, fue expulsado Ramasco, y el Millonario ya estaba tranquilo.
Los hinchas despidieron al equipo con unos tibios aplausos, y con una canción que reflejaba el sentimiento de todos: “Olé, ole ole, ole ole ole olá..jugando bien o jugando mal…yoo, yo te quieroo, no me importa nada, te vengo a alentaar..”. Y se demostró que, aunque haya golpes en el medio, aunque estemos seis puntos abajo, aunque no se juegue bien, esto es River. Y todos juntos tenemos que poder.
Escrito por Matías Grosso