Sin autoridad para castigar a Ahumada

Un día después de la eliminación ante San Lorenzo, la vergonzoza eliminación, el entrenador de River intentaba, una vez, querer convertirse, sin éxito, en el Beckham argentino.
Ahumada dijo cualquier cosa, le dio de comer a los bosteros y tendría que tener un castigo mayor a una reducción a su millonario sueldo. Pero como la gestión Aguilar es menos transparente que el agua del Riachuelo, los directivos no se animan a castigarlo.
¿Simeone? Preocupado en darle notas a revistas del espectáculo.
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