Con el último suspiro
Cuando parecía que ni el Caballo de Troya podía derrumbar la muralla construida por el aruqero de Arsenal Mario Cuenca, Fernando Belluschi apareció (sí, apareció) para darle los tres puntos a River, a los 47 minutos del segundo tiempo. Ferrari había abierto el marcador en la primera mitad.

Seremos gallinas y, además, ponemos huevos. En la agonía del encuentro, “el Millo” se reencontró con el triunfo y le sacó el invicto al equipo de Sarandí. Los dirigidos por Daniel Passarella fueron los justos vencedores, tanto por dominar al rival como por las chances de gol generadas.
Los primeros 45 minutos fueron muy favorables para el conjunto de la banda roja, que en Vélez estuvo ausente y dejó su lugar a la camiseta alternativa. “El Kaiser” cambió el sistema de juego y produjo algunas modificaciones: Ponzio y Ahumada formaron un doble cinco, Belluschi se corrió hacia la derecha, Tuzzio ocupó el lugar de Gerlo en la defensa y Villagra jugó de lateral izquierdo. Con ese planteo, River borró a Arsenal de la cancha.
A los 22, “el Millo” consiguió su premio. Fernando Belluschi quizo asistir a los delanteros, la última línea del equipo que dirige Gustavo Alfaro respondió mal y Paulo Ferrari se quedó con el balón tras anticipar a un defensor. El lateral derecho no dudó y encaró en diagonal hacia el arco y, cuando estaba entrando al área grande, definió de zurda ante un indefenso Mario Cuenca.
Con ese cachetazo, River jugó hasta el final del partido en campo rival, anulando al hasta ese entonces líder del Torneo Clausura.
Igualmente, se erró mucho. Ya en la segunda parte, el arquero de Arsenal parecía invatible. “El Tecla” Farías, que jugó muy bien, tuvo varias oportunidades para aumentar el marcador, pero lamentablemente le faltó ponerle tiza a sus botines.
“Los goles que se erran en el arco rival se sufren en el propio”. Maldita ley del fútbol que padeció River. A los 10 del segundo tiempo, Cristian Llama logró meterse por izquierda dentro del área, enganchó y le cambió el palo a Carrizo. Un lindo gol del conjunto de Sarandí (aunque de otro partido) para igualar el tablero.
El golpe no afectó a los dirigidos por Passarella, quienes siguieron atacando sin importar que chocaban una y otra vez con las manos de Cuenca y sufrían por su mala puntería.
Después que el cuarto árbitro anunció que solo quedaban 5 minutos de descuento para poder cambiar la historia del encuentro, apareció el hombre que estuvo ausente durante los ‘90 minutos (y 180 más si contamos los últimos dos que disputó). Sí, apareció Fernando Belluschi.
A los 47 del complemento, Ferrari coronó su gran tarde con una proyección más y una exquisita asistencia al capitán “millonario”, quién en el último mano a mano pudo derribar la fortaleza llamada Mario Cuenca tocando la pelota por debajo del cuerpo del arquero. Belluschi recuperó la sonrisa y River es pura alegría.
Costó mucho volver al triunfo y bajar con justicia al líder del campeonato. La falta de puntería estiró el desahogo. River resurgió y claramente dio a entender que va a dar pelea hasta el final.
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